El invierno es cuando una chaqueta de piel se gana su sitio y cuando más castigo recibe. Cuatro cosas causan casi todo el daño.

El frío

La piel se endurece con las bajas temperaturas. Es normal y se revierte al templarse. Lo que no es inofensivo es flexionar con fuerza una piel fría y rígida: forzar una chaqueta muy fría en un pliegue cerrado puede romper el acabado.

Deja que una chaqueta fría vuelva a temperatura ambiente antes de guardarla.

La lluvia

Una piel acabada aguanta la lluvia ligera sin problema. Pásale un paño al entrar y cuélgala para que seque al aire.

La lluvia fuerte o prolongada es otra cosa. Una vez la piel está bien empapada:

  1. Cuélgala de una percha ancha a temperatura ambiente.
  2. Mantenla lejos de radiadores, chimeneas, secadores y sol directo.
  3. Déjala secar despacio, normalmente un día entero.
  4. Nútrela una vez seca, porque el agua que se evapora se lleva grasas con ella.

El ante no debe salir a la lluvia sin protección. Trátalo con un espray protector al empezar la temporada y repite a lo largo del invierno.

La sal de las carreteras

La sal es el peligro de invierno que se subestima. Saca la humedad de la piel y deja cercos blancos, normalmente en el bajo y en los puños.

Trátala pronto:

  1. Mezcla una parte de vinagre blanco por cinco de agua.
  2. Humedece — sin empapar — un paño suave.
  3. Pasa el paño por la marca con suavidad.
  4. Repasa con un paño limpio humedecido en agua.
  5. Deja secar al aire y luego nutre.

Si la sal se queda toda una temporada, marcará la piel para siempre.

La calefacción

El problema menos evidente. La calefacción central moderna genera un aire muy seco, y una chaqueta colgada junto a un radiador todo el invierno se resecará más rápido que una que sale a la calle cada día.

Cuelga tu chaqueta lejos de las fuentes de calor. Si no tienes otro sitio, una nutrición extra a mitad de invierno lo compensa.

Una rutina sencilla de temporada

Al empezar la temporada

  • Limpia la chaqueta.
  • Nútrela o, si es de ante, cepíllala y aplica un espray protector.
  • Comprueba que la cremallera corre bien; un poco de cera en una cremallera dura evita forzarla.

Durante la temporada

  • Pásale un paño después de los días húmedos o con sal.
  • Cuélgala de una percha ancha, lejos de los radiadores.
  • Trata las marcas de sal en cuanto las veas.

Al terminar la temporada

  • Limpia y nutre.
  • Revisa costuras y forro por si hay algo que reparar antes de que empeore.
  • Guárdala en una funda transpirable, en un sitio fresco y seco.

Capas para el frío

Una chaqueta de piel es un cortavientos, no un aislante. La piel frena el viento muy bien y prácticamente no retiene calor por sí sola: el aislamiento tiene que venir de lo que llevas debajo o de un forro acolchado.

Para el frío de verdad, elige una chaqueta con forro acolchado o de borrego, o una talla que deje sitio a una capa de merino o lana. Tenerlo en cuenta al comprar es mucho más fácil que echarlo de menos en enero.