El invierno es cuando una chaqueta de piel se gana su sitio y cuando más castigo recibe. Cuatro cosas causan casi todo el daño.
El frío
La piel se endurece con las bajas temperaturas. Es normal y se revierte al templarse. Lo que no es inofensivo es flexionar con fuerza una piel fría y rígida: forzar una chaqueta muy fría en un pliegue cerrado puede romper el acabado.
Deja que una chaqueta fría vuelva a temperatura ambiente antes de guardarla.
La lluvia
Una piel acabada aguanta la lluvia ligera sin problema. Pásale un paño al entrar y cuélgala para que seque al aire.
La lluvia fuerte o prolongada es otra cosa. Una vez la piel está bien empapada:
- Cuélgala de una percha ancha a temperatura ambiente.
- Mantenla lejos de radiadores, chimeneas, secadores y sol directo.
- Déjala secar despacio, normalmente un día entero.
- Nútrela una vez seca, porque el agua que se evapora se lleva grasas con ella.
El ante no debe salir a la lluvia sin protección. Trátalo con un espray protector al empezar la temporada y repite a lo largo del invierno.
La sal de las carreteras
La sal es el peligro de invierno que se subestima. Saca la humedad de la piel y deja cercos blancos, normalmente en el bajo y en los puños.
Trátala pronto:
- Mezcla una parte de vinagre blanco por cinco de agua.
- Humedece — sin empapar — un paño suave.
- Pasa el paño por la marca con suavidad.
- Repasa con un paño limpio humedecido en agua.
- Deja secar al aire y luego nutre.
Si la sal se queda toda una temporada, marcará la piel para siempre.
La calefacción
El problema menos evidente. La calefacción central moderna genera un aire muy seco, y una chaqueta colgada junto a un radiador todo el invierno se resecará más rápido que una que sale a la calle cada día.
Cuelga tu chaqueta lejos de las fuentes de calor. Si no tienes otro sitio, una nutrición extra a mitad de invierno lo compensa.
Una rutina sencilla de temporada
Al empezar la temporada
- Limpia la chaqueta.
- Nútrela o, si es de ante, cepíllala y aplica un espray protector.
- Comprueba que la cremallera corre bien; un poco de cera en una cremallera dura evita forzarla.
Durante la temporada
- Pásale un paño después de los días húmedos o con sal.
- Cuélgala de una percha ancha, lejos de los radiadores.
- Trata las marcas de sal en cuanto las veas.
Al terminar la temporada
- Limpia y nutre.
- Revisa costuras y forro por si hay algo que reparar antes de que empeore.
- Guárdala en una funda transpirable, en un sitio fresco y seco.
Capas para el frío
Una chaqueta de piel es un cortavientos, no un aislante. La piel frena el viento muy bien y prácticamente no retiene calor por sí sola: el aislamiento tiene que venir de lo que llevas debajo o de un forro acolchado.
Para el frío de verdad, elige una chaqueta con forro acolchado o de borrego, o una talla que deje sitio a una capa de merino o lana. Tenerlo en cuenta al comprar es mucho más fácil que echarlo de menos en enero.